martes, 19 de febrero de 2008

La tercera estantería


Mi madre, por estas cosas que tienen las madres, me ha sacado todos los libros de los estantes. Decía que tenían polvo. Yo no lo acabé de ver claro cuando me dijo lo que pensaba hacer, puesto que si los libros no tuvieran polvo por encima parecerían estar en los estantes de la librería del corte inglés y eso sí que no. Pero el caso es que así ha sido. Cumplió su amenaza. Un día (o noche de luna llena, vete a saber), aprovechando una de mis instancias en Zaragoza, sacó todos los libros uno por uno, los limpió de polvo y paja, y los dejó amontonados encima de la mesa y la cama. Cuando llegué me llevé las manos a la cabeza y exclamé: «oh my god!». Casi no podía entrar en la habitación, y lo que es peor, como tenía toda la cama llena de libros no podía hacer el uso correspondiente de la misma. «Los he dejado sin poner porque ahora tú ya te los ordenas como quieres», me dice, y eso que ya le dije que el orden en el que mejor están los libros es en desorden. Pero eso es lo de menos: ahora tengo un problema. No caben. Parece como si se hubiesen reproducido, o duplicado. Cojo un montón de libros y los pongo horizontales en la tercera estantería. Una cosa me llama la atención. Los versos del Capitán, que siempre ha sido un libro delgadito, parece tener doscientas sesenta y cinco páginas más. Mosqueado comienzo a leer y hasta la página cincuenta todo correcto: «no quieres / ir con los zapatos rotos al mercado / y volver con el viejo vestido». Pero a partir de aquí la cosa cambia: páginas y páginas con la misteriosa frase de: «el veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y kivi». Doscientas sesenta y cinco páginas con la misma frase. Interesante lectura. Mosqueado abro la autobiografía de los Monty Python y lo mismo: a partir de la página cincuenta, doscientas sesenta y cinco páginas con el murciélago, lo que le da un toque todavía más divertido al libro. Voy comprobando y resulta que a todos los libros les pasa lo mismo. Al Robinson Crusoe, al de Woody Allen (pese a estar en casa de Oscar), a las Cinco horas con Mario, a El halcón maltés... Todos con doscientas sesenta y cinco páginas de más. Le pregunto a mi madre a ver si sabe algo. Me dice que no. Que ella no a tocado nada. Que la única solución que se le ocurre es llamar al carpintero y que nos haga una estantería para el pasillo.


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4 comentarios:

oscar dijo...

Ah, pues es cierto, las páginas del libro de Woody se han multiplicado como los panes y los peces. Pero aquí pone: "El dinosaurio despertó, y se dio cuenta de que era José Ángel Biel. Nadie notó la diferencia".
Misterios misteriosos. Por cierto, lo tengo en un aparte con el libro de Jon Lee, para que cuando quedemos y me acuerde devolvértelo. No vaya a ser que sea contagioso...

Chic dijo...

Oscar, la frase de Biel me apareció en las páginas amarillas, pero no le di importancia. Ten cuidado: es contagioso.

HombreRevenido dijo...

El murciélago hindú es un animal acojonante.

Lonia dijo...

¡Qué gran frase has dicho! El mejor orden es el desorden. 100% de acuerdo contigo.