miércoles, 27 de febrero de 2008

Monigotes de cartón


José Luis Rodríguez Zapatero terminó los tres minutos dedicados a su intervención final con un sonoro «Buenas noches y buena suerte». Posiblemente fue la única novedad en los discursos de los dos contrincantes que pudo oírse durante el debate. Lo malo del asunto fue que todo estaba visto de antes. De mucho antes: el decorado, que parecía el decorado que les pusieron en Antena 3 hace quince años; el traje de Campo Vidal, que parecía el mismo que llevó en ese primer debate; los enfoques de cámara: de radio televisada; los temas, las propuestas, las soluciones: los mismos de estos cuatro años. Todo como antes.


Con estos antecedentes y unos candidatos que no tenían intención de renovar en nada su discurso ni la forma de pronunciarlo, poco había que hacer. El moderador se limitó a hacer cumplir los tiempos y se le fueron escapando entre las manos los temas que hubiesen podido animar el cotarro: acusaciones de mentira que se quedaban en nada. Interpelaciones directas que no eran atendidas. Claro, estaba todo tan pactado, tres minutos por aquí, uno por allá, y los discursos tan ensayados (mirando a cámara, como el Rey), que cualquier leve variación pensando en el espectáculo hubiera desmoronado el débil castillo de naipes que tristemente ha sido el mayor espectáculo democrático de nuestra historia. Llevan lustros repitiendo lo mismo por separado y ayer lo repitieron a dúo.


Ahí está la debilidad del asunto: lo triste. Todo repetido y ni uno ni otro supieron desmontar la argumentación del otro, porque no lo escucharon o por incapacidad. Quién sabe. Pero fácil lo tenían: repitieron de principio a fin lo de siempre. Cada candidato supo desde mucho antes de empezar lo que diría el otro sobre cada tema, y en lugar de pretender hacerle ver su equivocación se limitaba a sumar su punto de vista. Eso no es debatir. Eso es querer y no poder. Eso es hacerse los interesantes, pedir el plató a veintiún grados, sentarse en sus sillas antideslizantes y fracasar.


Porque esto es así. Los que han fallado han sido los políticos y eso que lo tenían en bandeja de plata. No han entendido que el mundo les ha adelantado y que no pueden debatir pensando en los mismos detalles que Nixon contra Kennedy. Todas las televisiones se volcaron variando su programación. Todos los periódicos en papel, que al día siguiente informaron como si el debate hubiera sido a las cinco de la tarde. Todos los medios digitales, pese al tiempo que estuvieron expectantes para el debate digital y al final nada, que realizaron coberturas mucho más originales que los demás y las radios, las grandes olvidadas al banquete de la democracia. Todos se pusieron de gala para retransmitir un espectáculo vibrante: presentadores estrella, los mejores tertulianos, encuestas en quince minutos y ellos, los candidatos, lo pagan con nervios y una corbata vieja, sin saber improvisar una simple frase ante la cámara.


El debate fue igual al que organizó en uno de sus mítines Gaspar Llamazares para protestar por su exclusión del Gran Acontecimiento y la transformación de las elecciones en un asunto bipartidista: con dos monigotes de cartón representando a Rajoy y Zapatero (Zaparajoy y Rajoypatero): igual de rígido, igual de vacío en sus discursos, igual de insulso; pero sin Gaspar Llamazares.


martes, 19 de febrero de 2008

La tercera estantería


Mi madre, por estas cosas que tienen las madres, me ha sacado todos los libros de los estantes. Decía que tenían polvo. Yo no lo acabé de ver claro cuando me dijo lo que pensaba hacer, puesto que si los libros no tuvieran polvo por encima parecerían estar en los estantes de la librería del corte inglés y eso sí que no. Pero el caso es que así ha sido. Cumplió su amenaza. Un día (o noche de luna llena, vete a saber), aprovechando una de mis instancias en Zaragoza, sacó todos los libros uno por uno, los limpió de polvo y paja, y los dejó amontonados encima de la mesa y la cama. Cuando llegué me llevé las manos a la cabeza y exclamé: «oh my god!». Casi no podía entrar en la habitación, y lo que es peor, como tenía toda la cama llena de libros no podía hacer el uso correspondiente de la misma. «Los he dejado sin poner porque ahora tú ya te los ordenas como quieres», me dice, y eso que ya le dije que el orden en el que mejor están los libros es en desorden. Pero eso es lo de menos: ahora tengo un problema. No caben. Parece como si se hubiesen reproducido, o duplicado. Cojo un montón de libros y los pongo horizontales en la tercera estantería. Una cosa me llama la atención. Los versos del Capitán, que siempre ha sido un libro delgadito, parece tener doscientas sesenta y cinco páginas más. Mosqueado comienzo a leer y hasta la página cincuenta todo correcto: «no quieres / ir con los zapatos rotos al mercado / y volver con el viejo vestido». Pero a partir de aquí la cosa cambia: páginas y páginas con la misteriosa frase de: «el veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y kivi». Doscientas sesenta y cinco páginas con la misma frase. Interesante lectura. Mosqueado abro la autobiografía de los Monty Python y lo mismo: a partir de la página cincuenta, doscientas sesenta y cinco páginas con el murciélago, lo que le da un toque todavía más divertido al libro. Voy comprobando y resulta que a todos los libros les pasa lo mismo. Al Robinson Crusoe, al de Woody Allen (pese a estar en casa de Oscar), a las Cinco horas con Mario, a El halcón maltés... Todos con doscientas sesenta y cinco páginas de más. Le pregunto a mi madre a ver si sabe algo. Me dice que no. Que ella no a tocado nada. Que la única solución que se le ocurre es llamar al carpintero y que nos haga una estantería para el pasillo.


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No tienes mensajes nuevos. Si te apetece leer algo, siempre puedes consultar Google Noticias.


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=rand(200,99)


lunes, 18 de febrero de 2008

Robots asesinos


Esta mañana había quince robots asesinos deambulando por Alcolea. El caso es que ya se han ido.

viernes, 15 de febrero de 2008

Ecuánime


Mientras se lo piensan, desde aquí me ofrezco voluntario para moderar el debate. Intentaré ser ecuánime, no golpear demasiado fuerte, y no dejaré los micrófonos encendidos al terminar como le pasa al becario. Si alguno de los que leen esto habla esta tarde con Zapatero o Rajoy, que les pase mi número. Visto el reportaje de LaSexta sobre los debates tampoco lo veo tan difícil. Unas sillas de plástico, que pinten el fondo como crean conveniente, y poco más. El resto es discutir.

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En un periódico del 37 pone: "Lector: Si eres combatiente por España no tires este periódico, dalo a leer a tus compañeros o léeselo tu". Como si fuera un gratuito.

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Si por lo que sea hoy no tienen nada que oír en su gramola, busquen este disco:



A mi me gusta.

En lo superficial



-¡Pero qué has hecho insensato!

-Tranquilo, tranquilo... que todavía estamos en pruebas

-No, si no es por lo de los colorines

-Ya me parecía, que no eras de los que se quedan en lo superficial

-A eso iba. Tanto tiempo sin venir. Así no hay forma de levantar un negocio

-Asuntos de índole personal me han tenido muy ocupado.

-Si vuelves a decir índole me largo.

-¡Índole!


jueves, 14 de febrero de 2008

Uno dos uno dos


Mientras me da por volver a escribir y termino de cargarme el diseño, vean, vean:

Trailer de Indiana Jones.