sábado, 1 de diciembre de 2012

"¡Por fin podemos dormir tranquilos!"

Un episodio de la historia de Alcolea de Cinca que desconocía, muy apropiado para estos días de abuso policial.

Las elecciones de febrero del 36 han terminado con el triunfo del Frente Popular. Las derechas, que durante sus dos años de gobierno se han dedicado a erosionar los logros de los primeros gabinetes republicanos, están inquietas. En Alcolea, la represión contra los afiliados y simpatizantes de la CNT se ha vuelto escandalosa. La Guardia Civil del pueblo abusaba de su poder sin contemplaciones. Testimonios de la época recuerdan que no era raro que alguien recibiera dos bofetadas al salir de su casa sin otro motivo que el de pertenecer al sindicato. O por visitar a un sospechoso. O por cantar según qué canciones. Todo el mundo estaba bastante cabreado, sobre todo porque al fin parecía se abría un nuevo tiempo político.

Según indica la historiadora Hanneke Willemse, en una reunión de antifascistas en Albalate se decidió poner fin a los desmanes. Se convocó una manifestación multitudinaria en el mes de marzo (no he averiguado el día) a la que acudieron campesinos de Binaced, Valcarca, Binéfar, Esplús, de todos los pueblos de la redolada. Unos 5.000 manifestantes. Muchísimos. Llenaban toda la calle Mayor (que es larga, larga)  al grito de "fuera, fuera, fuera la Guardia Civil". Cantaban canciones contra la Guardia Civil. Fuentes citadas por Willemse indican que todo "estaba lleno de gentes" y que los cantos de protesta "ponían la piel de gallina". Cuando pasaron por delante del cuartel de la benemérita, los gritos arreciaron. Y entonces, suponemos que ciegos de rabia, los agentes salieron a la plaza con el fusil al hombro y la bayoneta calada. "Habría habido muertos aquel día, ya lo creo, ¡no habrían caído pocos no, aquel día en el pueblo! ¡Habría sido horrible!", recuerdan.

La tensión tanto los días previos como durante la manifestación fue enorme. Los campesinos tenían la consigna de acudir con armas para combatir la mala leche de la Guardia Civil. Los alcoleanos ricos, según cuenta Willemse, estaban "apuntando, desde sus casas, con sus armas, a los manifestantes, protegidos tras una contraventana o celosía".

Según el círculo republicano Manolín Abad, fue la intervención de Manuel Sender (hermano del escritor) y por entonces alcalde de Huesca el que evitó que se cumplieran los presagios. Habló con los manifestantes y les indicó que la fuerza pública no dispararía y que ya estaba en camino una unidad de guardias de asalto para detener y llevarse a la Guardia Civil de Alcolea a la cárcel de Sariñena para acabar con la provocación. Se los llevaron en camiones. Los testigos cuentan así el momento: "¡Ay, tendrías que haber visto en aquel momento a los nuestros, sobre todo a los abuelos que, como el mío, tanto habían sufrido en la carne de sus hijos por culpa de aquella cuadrilla de bandidos de guardias! Al verlos subir a los camiones, detenidos por los de asalto, todos levantaron el puño y gritaron a una: "¡Granuuujas, granuuujas! ¡Por fin podremos dormir tranquilos!".





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