miércoles, 12 de junio de 2013

Cada ciudad es un punto de vista


En Las Esquinas del Mundo escriben periodistas, escritores y profesores de español de sitios como Estambul, Luxemburgo, Toronto, Cambridge, Taipei o Varsovia. Cuentan lo que les apetece, pero lo hacen muy bien. Cada ciudad es un punto de vista, pero todos miramos lo mismo. 

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"Lo que iban a traer las centrales nucleares acaba siendo lo que se llevan los tecnócratas". Yo escribo desde Alcolea y sobre Badalona. Que no es lo mismo, claro.


domingo, 28 de abril de 2013

¿Se lavan los jipis?

¿Se lavan los jipis?
Responder a esta pregunta puede ser un buen motivo para ver Libres. Una serie. En Youtube.


No habla de periodistas, ni de médicos, ni de policías, ni de comunidades de vecinos.
Habla de chicas de 16 años expulsadas de casa porque sus padres están hartos de novios punkis.
No habla de muertos vivientes, ni de infiltrados en la CIA, ni de publicistas en los sesenta.
Habla de trabajadores sociales que se quedan en paro.
Habla de inmigrantes que no encuentran trabajo.
Habla de asambleas, de probar nuevas formas de organizarse.
Y salen muchos jipis, claro. Por algo habla sobre ocupación rural.

Un pueblo abandonado en el Prepirineo de Huesca. (Nos gusta Riglos). Una casa recuperada. Un grupo de alternativos de ciudad intentando sacar adelante el sueño de la autogestión. Intentando apañarse con el huerto (sin sulfatos, claro). Intentando vivir en el monte. La autosuficiencia.

Libres es un proyecto que no tendría hueco en ninguna televisión. Salen jipis (¿se lavan?). Los montañeses están retratados con un verismo que emociona. Se rueda mediante mecenazgo y aunque los actores principales son profesionales (incluso salen rostros televisivos) Libres es el típico producto que se hace tirando de amistades. Y además tiene un punto Lost que a saber en qué quedará.

Bueno, a lo que vamos. Que a mí me ha gustado y que los capítulos solo duran 15 minutos.

domingo, 24 de marzo de 2013

Los plátanos de la discordia

"Los chicos malos también tienen derecho a la libertad de expresión". La frase la pronuncia un diputado conservador sueco en el documental "Big Boys Gone Bananas!*". La historia de la cinta es la de siempre. Un realizador contó en una de sus películas una historia que las multinacionales no querían que se supiera. Y comenzaron una campaña brutal de acoso contra Fredrik Gertten, responsable de la historia. Trataron de frenar su estreno en el festival de Los Ángeles. Demandaron a los responsables acusándoles de aportar testimonios falsos. Mandaron cartas amenazantes a los medios de comunicación que se hacían eco de la historia. Iniciaron un proceso penal enorme e imparable. La defensa de los documentalistas fue simple: contarlo.



"Big Boys Gone Bananas!*", que se ha proyectado esta semana en el Festival de Cine y Derechos Humanos de Zaragoza, describe de forma minuciosa el proceso de acoso al que Gertten y su equipo se enfrentan tras el estreno de "Bananas!*", una cinta previa en el que denunciaban el uso de pesticidas que dañaban la salud de sus trabajadores en Nicaragua por parte de la multinacional frutera Dole Food Company. En el proceso, los apoyos fueron siempre más pequeños que las ayudas, pero destaca por encima de todas las de la clase política sueca. Un país con libertad de prensa desde el año 1766 que se vuelca en la defensa de un periodista a explicar una historia, aunque los grandes no la quieran escuchar. Mala gente frente a las multinacionales que quieren proteger su imagen.



En "Los ojos de la guerra" también proyectada en el festival (que se puede ver aquí) los reporteros de guerra explican su oficio y lamentan que de nada sirva. Los políticos son "temerosos e incapaces", afirman. No dejan resquicio a la esperanza. Los valientes diputados suecos que organizaron un pase en el parlamento de una cinta en el punto de mira de los abogados más poderosos del mundo tampoco. Su plante y enérgicos modos no libraron a los creadores de la campaña de descrédito mundial emprendida por Dole. Fueron las cadenas de distribución de alimentos, al negarse a comercializar los plátanos de la discordia, las que lograron cerrar el proceso jurídico y la difamación contra los chicos malos. Estamos en manos de los supermercados.