domingo, 24 de marzo de 2013

Los plátanos de la discordia

"Los chicos malos también tienen derecho a la libertad de expresión". La frase la pronuncia un diputado conservador sueco en el documental "Big Boys Gone Bananas!*". La historia de la cinta es la de siempre. Un realizador contó en una de sus películas una historia que las multinacionales no querían que se supiera. Y comenzaron una campaña brutal de acoso contra Fredrik Gertten, responsable de la historia. Trataron de frenar su estreno en el festival de Los Ángeles. Demandaron a los responsables acusándoles de aportar testimonios falsos. Mandaron cartas amenazantes a los medios de comunicación que se hacían eco de la historia. Iniciaron un proceso penal enorme e imparable. La defensa de los documentalistas fue simple: contarlo.



"Big Boys Gone Bananas!*", que se ha proyectado esta semana en el Festival de Cine y Derechos Humanos de Zaragoza, describe de forma minuciosa el proceso de acoso al que Gertten y su equipo se enfrentan tras el estreno de "Bananas!*", una cinta previa en el que denunciaban el uso de pesticidas que dañaban la salud de sus trabajadores en Nicaragua por parte de la multinacional frutera Dole Food Company. En el proceso, los apoyos fueron siempre más pequeños que las ayudas, pero destaca por encima de todas las de la clase política sueca. Un país con libertad de prensa desde el año 1766 que se vuelca en la defensa de un periodista a explicar una historia, aunque los grandes no la quieran escuchar. Mala gente frente a las multinacionales que quieren proteger su imagen.



En "Los ojos de la guerra" también proyectada en el festival (que se puede ver aquí) los reporteros de guerra explican su oficio y lamentan que de nada sirva. Los políticos son "temerosos e incapaces", afirman. No dejan resquicio a la esperanza. Los valientes diputados suecos que organizaron un pase en el parlamento de una cinta en el punto de mira de los abogados más poderosos del mundo tampoco. Su plante y enérgicos modos no libraron a los creadores de la campaña de descrédito mundial emprendida por Dole. Fueron las cadenas de distribución de alimentos, al negarse a comercializar los plátanos de la discordia, las que lograron cerrar el proceso jurídico y la difamación contra los chicos malos. Estamos en manos de los supermercados.